Manual para hacer un cambio en ti mismo y no quedar como hipócrita en el intento

La verdad es que desde hace bastante tiempo tenía unas insistentes ganas de escribir una nota terriblemente odiosa, y es que a veces hacerlo me deja liberar más endorfinas que cuando me hago bolsa en el gimnasio.

Voy a ir directo al grano: Se me hace tan absurdo cuando algunas personas predican por aquí y por allá que la vida hay que vivirla, que hay que perseguir los sueños, que solo tenemos esta oportunidad y ninguna otra. Se me hace más patético aun cuando esta gente es la misma a la que yo en algún momento de mi vida me he tenido que enfrentar ante sus agresiones tanto verbales como físicas. Gente que jamás ha sabido invertir de una manera correcta el tiempo de su vida y que ahora llega a la puerta de nuestras casas, ya sea por las redes sociales, o hasta en persona, predicando como un santo para que los otros aprovechemos nuestra existencia.

En aquel momento yo no sé si agradecer sus buenos deseos o realmente hacerle ver lo insólito e hipócrita que es en él o en ella lo que nos propone. Porque sencillamente con todo eso me parece un sujeto retrasado. Y no un retrasado mental: un retrasado en el tiempo. Nunca es tarde para hacer las cosas, pero no me vengas a actuar como un matón intolerante toda la vida y a mitad de camino hacerte el padre que predica para que los demás cambien. Es como ese vegano que lleva tres horas de veganismo y ya los anda tratando a todos de asesinos, el muy chistoso. Y léeme bien, que no te estoy diciendo que no puedes cambiar y que te tienes que quedar como la plasta que siempre has sido: te estoy diciendo que me parece descarado, y te lo repito, hipócrita de tu parte, andarte creyendo de un segundo al otro todo un Jesucristo, siendo que ratito atrás eras un completo Satanás.

En primer lugar, deberías preocuparte de ti mismo, y cuando ya estés bien instalado en tu nuevo ‘yo’, ahí recién empezar a tratar de ayudar al otro, porque verás, quizá te lograste encontrar con yourself y dejaste ya muy enterrado el veneno que te jodía -¡felicitaciones!-, pero el gran cofre de oro que te encontraste no es más que un descubrimiento que casi todos llegaremos a hacer en cierto punto de nuestra existencia. Por eso calma un poco las revoluciones.

En segundo lugar, deberías hacer el intento por no quedar como un hipócrita. Muchos verán tu cambio de una manera espectacular, pero otros solo pensarán de ti que eres un completo estúpido. Y bueno, aunque de cualquier manera a ti no te importe en lo absoluto la opinión de los demás, te pido que no te engañes, porque las energías sí que nos afectan y en la mayor parte del tiempo lo hacen sin que nos demos cuenta. En lo otro en lo que no te puedes engañar, y tal vez sea más importante que lo primero, es que, a pesar de que no te sean relevantes los pensamientos del que está a tu lado, esos pensamientos sí van a intervenir en algún punto de tu vida, porque llegará el momento en que inevitablemente vas a necesitar la ayuda del otro, algún consejo, o simplemente alguna interacción. Y si eres el odiado, el visto como un hipócrita, el cínico, es muy probable que no te ayuden o que la ayuda sea entregada de mala gana (y no hay peor ayuda que la que te dan de mala gana), o que en definitiva te quedes solo. Y como seres sociales, necesitamos de los demás. Los instantes de soledad nos gustan a muchos y nos hacen bien, pero solo tienen que limitarse a eso: instantes. Media hora, quizá tres, tal vez uno o dos días. Pero intenta vivir en completa soledad unos 15 años. Al final de la cuenta, habrás sentido que te perdiste la vida misma.

En tercer lugar, deberías procurar que tu buen cambio se mantendrá en el tiempo. Porque reflexiona: si ya eres hipócrita (¡sí señor, así lo ve la mayor parte del mundo y te lo refriego en la cara, para que te quede claro y conozcas la cruda realidad!), imagínate en qué te transformarías si tu cambio no era más que un suceso momentáneo, una moda que se te pasó por la cabeza y que ya olvidaste. Ahora vas a ser doblemente hipócrita y doblemente odiado. Si hiciste el cambio es porque de verdad lo sentiste. Y acá viene el dato extraño: a lo largo de mi vida, he visto muchas veces en que aquel sujeto que “cambia” y se vuelve todo un Padre que predica, al rato ya cambió de parecer y volvió a ser el mismo de antes. Ese es más odiado, porque fue inconsecuente desde un principio, se sintió con la autoridad de coartar al otro a hacer un cambio similar al suyo, pero después volvió a hacer lo que siempre hizo. Como el vegano que lo fue unos dos meses, atacó a los que comían carne y trató de asesinos en serie a los que desayuñaban huevos revueltos con leche tibia, pero después se le vio haciéndose el tonto y comiéndose solito un hot dog. Insólito. A ese tal vez hasta el mejor amigo lo deje solo.

En cuarto lugar, y no menos importante, no deberías olvidar algo fundamental: como humanos, todos tenemos cosas por mejorar y aún así para el día de nuestra muerte habrán quedado cosas que nunca terminamos de ‘reparar’.

Así que para cerrar este asunto, te digo con sinceridad: está bien tener ánimos de cambiar para mejor, de soñar con levantar el mundo de sus tinieblas y de pararte con miras al progreso. Pero para que todo esto sea efectivo y funcione, tienes que tratar de no volverte un nazi de tu idea cuando recién has empezado, debes tener en cuenta que tal vez los demás demorarán un tiempo más que tú en cambiar (¡o tal vez ya lo han hecho!), tienes que prometerte que el cambio será definitivo y que al rato no te andarás arrepintiendo, y por último, debes dejar de lado esa arrogancia que te hace pensar que ya eres perfecto. Cuando tu cuerpo se esté pudriendo en el cementerio, aún quedarán en tu espíritu cosas por mejorar, así que es mejor que te liberes de la arrogancia, antes de que sea demasiado tarde.

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