Vive tus segundos

Hay episodios de nuestra vida que a veces quisiéramos que jamás acabasen. Pero eso, y lo tenemos clarísimo, está más que alejado de la realidad. Un período de buenas vibras y/o de estabilidad económica, un tiempo de felicidad inexplicable o de éxito rotundo, o un grupo de amigos que parecen inseparables y que se mueven como una linda melodía por el pentagrama de la vida, son cosas que, lamentablemente, pueden llegar a disolverse y dar paso al silencio parcial o definitivo. Todas las canciones se acaban. Y la lista es eterna ya que, lamentablemente, nada es -en absoluto- para siempre. Y eso, paradójicamente, es lo único en nuestra vida que siempre va a ser así.

Es por aquello que siempre sugiero -a cada persona que puedo- que valoren el tiempo y que disfruten cada segundo. Es una filosofía de vida ya bastante conocida, pero aún así la gente de hoy camina por el tiempo como si tuviésemos asegurada una eternidad. Y no me voy a poner a discutir sobre el dilema de si esta vida es la única o si nuestro espíritu puede efectivamente trascender -eso se lo dejo a los expertos y no quiero meterle creencias religiosas a este asunto- pero lo realmente cierto es que cada instante cuenta, porque el camino al que nos enfrentamos día a día puede cambiar en un lapso incluso menor a un segundo. Ahí está la razón por la cual me siento tan en desacuerdo cuando la gente profiere frases tales como “Un año pasa volando”, “5 años es bien poco”, o cuando insinúan que media hora es insignificante. Eso es mentira.

Si realmente el tiempo -cada segundo, cada imperceptible milésima- se valorase como se debe, nadie diría eso. Porque está bien, para muchos, tal vez media hora ni se percibe, pero cuando haces un pequeño esfuerzo por sentir los momentos es cuando ocurre la magia. No te voy a decir que la media hora se te transforma en un mes, pero realmente se vive distinto. Comienzas, además, a empapar de amor tu propia vida, a quererte un poquito más a ti mismo, porque cuando valoras un diminuto segundo estás haciendo de cada instante algo que debes disfrutar.

Incluso en los momentos difíciles, la vida sabe mejor si te la tragas de a poco y no al seco. Con calma, con plenitud. Hay que vivir todas las emociones. No es tan complejo: La única dificultad -y para mí, esa misma dificultad es la magia- consiste en vivir todo “a concho”, como si estuviésemos pendientes de que en cualquier momento la vida se nos va, pero justamente, sin ser conscientes de esa preocupación. Vivir la vida como si fuera eterna pero cambiando el paradigma del derroche y transformándolo en uno nuevo: tratando tu tiempo como si fuera lo más valioso en tu vida.

Sólo así serás completamente feliz y vivirás tu vida holísticamente, a plenitud, en todas sus dimensiones.

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