Ser integral

Muy bien sabemos que el sistema de cosas en el cual estamos sumidos busca meticulosamente absorber gran parte de nuestras aspiraciones y disminuir a toda costa nuestro preciado tiempo libre. Y lo ha hecho tan bien que, incluso, conozco a varios que detestan el tiempo libre porque sienten que no tienen nada que hacer. Y a muchos que exclaman “¡Tantas cosas que haría si tuviera más tiempo!”, así como a otros que ni siquiera tienen conciencia del asunto. Qué gran trabajo han hecho lavándole el cerebro a la gente.

El cómo -y el para qué- ocupamos el tiempo libre es asunto de cada uno. El problema que nos concierne a todos es que difícilmente pensamos que tenemos tiempo libre. ¿Es realmente así? Estudiantes y trabajadores sabemos muy bien lo que significa vivir necesitando más tiempo. Pero para ser sincero, creo que la excusa del “no tengo tiempo” siempre ha sido un gran fraude. Un flagrante auto-engaño que nos impone una de las bestias protectoras más ingratas del sistema: la cultura.

Como dije en una de mis notas anteriores, hay muchos sujetos que solo invierten su tiempo construyendo su futuro, así como otros que, en un vicio paradójico, viven quejándose -acostados en la cama y durante su tiempo libre- por no tener tiempo libre.

Pienso que el sistema siempre intenta atacar casi todos los ámbitos de nuestras vidas para mantenernos subyugados y controlados. No es paranoia ni “conspiranoia”. Es realismo. El tiempo libre es un acto terrorista para el sistema, ya que se traduce en momentos en los que podemos cuestionarnos las cosas y crear otras que las dejen obsoletas. Por eso intentan mantenernos siempre trabajando y/o distrayéndonos con estupideces (como la televisión).

Ante esto no queda más que pelear: no podemos resignarnos y encerrarnos en la burbuja en que nos han metido. No podemos recluir nuestras vidas a una oficina o a los salones de clase -a no ser que sean clases que te permitan crear o desarrollar una mirada crítica del mundo-. No podemos condenar toda nuestra existencia al trabajo sistemático y relevar absolutamente todos los otros ámbitos en los cuales podemos desenvolvernos. ¿Llamarle “vida” a una pobre existencia de solo laborar y llegar a casa a mirar la televisión, para seguir el día siguiente con el mismo ciclo?

A mí me parece que una de las virtudes más grandes que puede tener una persona es el entusiasmo por desarrollarse en todo ámbito de su agrado y no excusarse en la falta de tiempo para hacer nada. Tarde o temprano llega un momento en el que nos podemos distraer. Y bueno, acá entro en un asunto más personal, pero si de distraernos se trata, creo que la televisión es la distracción más estúpida. Tal vez esto va más allá de recrearnos: se trata de luchar por hacer todo lo que queremos hacer y que la “falta de tiempo” (incluyendo el tiempo perdido en ver TV) no sea un impedimento.

Gran parte de mi vida he dicho que hay que vivir cada día como si fuera el último, y muchos sabios lo han expresado a lo largo de la historia. Entonces, ¿qué hace la gente condenando un día entero a hacer cosas que tal vez no le gustan? Y si están obligadas a hacerlas, ¿dónde queda aquel fervor por hacer eso que realmente quieren hacer? Aquel que realmente lo desea, encontrará el tiempo aunque tenga que pedírselo al mismísimo dios griego Crono.

Soy un chico “universitario” y por el momento estoy iniciando mis estudios de Odontología. En la universidad, evidentemente, veo a mucha, muchísima gente: Ha sido inevitable que mi ojo crítico se me cuele entre los pensamientos día a día. Conozco ya a varios sujetos que están dejando su vida entera por la carrera (¿tontos que solo miran el futuro?), y aunque eso no tiene mucho de malo -porque de hecho, próximamente serán un aporte para la sociedad-, hay algunos que lo llevan al extremo. Está bien ser dedicado y preocupado por los estudios, pero a mí, el hecho de no desenvolverse hoy mismo simplemente no me cabe en la cabeza y jamás lo hará. Yo no puedo pasar, por ejemplo, más de una semana sin escribir, ni más de dos sin crear nuevas melodías para mis canciones. No puedo ni estoy dispuesto a hacerlo. No puedo pasar un día sin filosofar. No puedo pasar más de dos horas sin tener un momento espiritual de meditación y conexión con la naturaleza. Porque dentro de mis convicciones y principios está eso de no rendirse en ni un solo ámbito (¿anti-sistema?). La vida no es eterna y nadie nos asegura que vamos a vivir 80, 90 o 100 años. De hecho podríamos perecer mañana. Ante eso, ¿qué podemos hacer? Si el sistema nos obliga a encaramarnos hacia el futuro, nosotros tenemos que bregar por un equilibrio entre el hoy y el mañana. Hacer lo que queremos hacer y lo que estamos obligados a hacer por el bien nuestro, de manera concomitante.

De eso se trata ser una persona integral. Y esto no solo se condice con la filosofía del carpe diem sino que también nos concede una serie de beneficios. Por ejemplo, desarrollarnos integralmente en la lectura puede hacernos más sabios y más críticos. Huir de nuestra burbuja y salir a la calle nos da la posibilidad de conocer nuevas realidades y ampliar nuestra perspectiva de las cosas. Socializar no solo nos dará la posibilidad de generar nuevos lazos sino que también puede hacernos personas más tolerantes y más conscientes de, verbigracia, asuntos que puedan estar afectándonos como comunidad o como nación. Por otro lado, cuando hacemos cosas diferentes al trabajo o al estudio -escribir, componer, cantar, cuestionarnos las cosas, debatir, filosofar, meditar, tomarnos un café con nuestro(a) amigo(a), etcétera- no solo sacamos el potencial de nuestro espíritu sino que también nos transformamos en potenciales agentes transformadores del sistema. De ahí que para mí sea tan importante que todos seamos integrales. Ser integral es casi sinónimo de ser revolucionario. Es pararse de ese asiento y/o deshacerse de ese estado de latencia tan desgraciado en el que nos sume el sistema, para rebelarse y cambiar las cosas: Dice Fernando Savater en su libro Política para Amador “(…) nuestra forma de vivir en sociedad no es sólo obedecer y repetir sino también rebelarnos e inventar.”

¿No crees que el sistema busca impedirnos eso? Y cuando hablo de sistema, me refiero, pues claro, al sistema que los políticos y las élites que controlan el mundo nos imponen. Ellos no quieren que seamos integrales porque no desean que las cosas cambien mucho. Quieren que sigas sentado viendo la televisión sin pensar en nada y sin cuestionarte las cosas. No quieren que hagas escritos en donde critiques las doctrinas dominantes ni mucho menos canciones en donde las condenes. No quieren que filosofes y/o que te reúnas con tus amigos para idear nuevas cosas que dejen en obsolescencia las anteriores. Solo quieren concentrarte en estupideces y en que seas otro súbdito más, cual autómata sin cerebro, que solo memoriza y ejecuta, que solo limita su intelecto a ciertos márgenes dentro de lo que sus “superiores” estimen conveniente.

No podemos dejar que esto nos entierre.

Hay que despertar y transformarse en un ser humano integral.

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