“No comas fruta después de las 6 de la tarde porque se transforma en azúcar”

Después de una publicación en donde prácticamente le quitaba todo el sentido a la existencia, pensé que sería interesante regresar a esas notas que me gustaba hacer de pequeño, cuando, sin pelos en la lengua, repletaba el Internet con interminables párrafos de críticas sobre asuntos cotidianos. Pienso que, si bien el tema que ahora comentaré no va muy de la mano con los asuntos que realmente nos están aquejando ahora, entiéndase esto como la “contingencia” (en el mal uso de esta palabra), es menester aclarar un asunto que igualmente nos afecta a todos, sobretodo en un ámbito tan importante como lo es el de la alimentación y la salud. Además, todavía no me siento lo totalmente preparado e inspirado como para comentar asuntos más profundos relacionados con, por ejemplo, el control de masas por parte de los poderosos que se hace cada día más evidente, las mentiras cada vez más obvias de la prensa, o las barbaries que cometen el Estado y las élites económicas.

“No comas frutas después de las 6 porque hacen mal”

Bueno. ¿Qué les puedo decir? Ni siquiera debería darme la molestia de describir en unas cuantas líneas lo patética y absurdísima que se me hace esta afirmación. Ya es suficiente con leerla o escucharla. Es la estupidez misma hecha frase. Sobretodo cuando viene de sujetos que comen cualquier cosa de esa hora en adelante, menos fruta. Y bien sabemos que, prácticamente, todo el mundo come después de las 6 de la tarde. Pero el problema no es comer después de esa hora, el problema es que critiquen a los que preferimos una fruta a las diez de la noche en vez de una hiper calórica cena.

Desde ya quiero aclarar que en este artículo no busco ofender, ni mucho menos entrometerme en la vida y las costumbres de los demás. Solo pretendo que aquellos que tal vez se puedan sentir aludidos, abran los ojos y dejen de proferir esta frase tan insólita antes de que les llegue un tortazo en la cara. Lamentablemente, he escuchado esta frase viniendo de ciertos conocidos bastante cercanos, amigos, familiares, etc., y me ha sido dificilísimo tener que callarme, evitando expresar la severidad que en realidad me gustaría adoptar ante declaraciones inauditas como esta.

El punto central de este tema es que el aludido mito ya gobierna la pobre mente de casi todos los condenados a la comida procesada. Que lo dijo el médico, el nutricionista, que lo vieron en televisión, que lo leyeron “por ahí”. Este hecho se me hace bastante contradictorio, sobretodo porque hablamos de personas que sin problema alguno comen, por ejemplo, un hot-dog o una hamburguesa bien avanzada la noche. Y esto no se trata de criticarles sus hábitos alimenticios -¡que coman lo que quieran!-, sino de apuntar a que se den cuenta de la hipocresía casi cómica (y cósmica) en la que caen.

El mito de que comer fruta en la noche es malo (y la ridícula idea de que por ser de noche se transforma en azúcar), viene muy de la mano con la ignorancia de la gente y con los comentarios que hacen los nutricionistas en un intento de explicarle a los inexpertos procesos que, tal vez, consideran muy complejos como para que cualquiera pueda entenderlos. La primera verdad de todo esto es que prácticamente todos los alimentos que ingerimos contienen “azúcares”, o más bien, carbohidratos, una clasificación un poco más abarcante.

Aprovecho esta excelente oportunidad para aclarar que los carbohidratos -o azúcares, como a ustedes les gusta llamarles- no son lo mismo que las calorías. Caloría se define como la cantidad de energía calorífica necesaria para elevar la temperatura de un gramo de agua pura en 1 °C. Esta energía no proviene únicamente de los carbohidratos, sino que también de las grasas y las proteínas. Las últimas solo desempeñan una función energética en casos de extrema deficiencia. Por eso es que, si alguno se ha fijado en los envases de alimentos procesados, la cantidad de calorías y de carbohidratos (o azúcares) no cuadra ni siquiera en la unidad de medida. Caloría es la energía que se necesita para el metabolismo, y el carbohidrato, en este caso, es la biomolécula que va a facilitarnos esa energía requerida.

Volviendo al tema, tenemos entonces que todos los alimentos contienen carbohidratos, y por lo tanto, nos proveen de calorías. Lo que sucede cuando te comes una manzana a medianoche, es que ingieres la cantidad aproximada de 14 g de carbohidratos. En cierto modo, comes 14 g de azúcar (en realidad 10, ya que los 4 restantes aunque siguen siendo carbohidratos, corresponden a otros subtipos, entre los cuales encontramos por ejemplo, la fibra). Finalmente, el contenido calórico de la manzana es de aprox. 52-56 kilocalorías. Bien se sabe que no es recomendado ingerir alimentos ricos en azúcar durante la noche. Esto se dice, no por el hecho de que “la fruta se convierte en azúcar” -lo cierto es que hay una reacción que transforma la fructosa en glucosa, proceso que ocurre en cualquier momento del día en que la consumas-, sino porque un exceso de carbohidratos puede transformarse en grasa, y también afectar en el ciclo metabólico, de lo que hablaré más adelante.

Vamos ahora a comparar una inocente manzana con…

  • Un vaso de pisco sour:

El vaso de pisco sour contiene aprox. 349 kcal, de las cuales 27.58 g corresponden a carbohidratos y 21.73 g son azúcares propiamente tales. El desglose de estas 349 kilocalorías es de 1% grasa, 83% carbohidratos, 16% proteínas. ¿Merece más explicación?

  • Un completo “italiano”:

Contiene 548 kcal y 39.4 gramos de carbohidratos. Esa cantidad de carbohidratos conforma aproximadamente 158 de las 548 kilocalorías. El resto de kilocalorías son facilitadas por las buenas cantidades de grasas que este “alimento” entrega. El desglose de las 548 kcal es entonces de: 61% grasa, 29% carbohidratos, 11% proteínas.

  • Un paquete de papas fritas:

Utilizando en este caso la marca Lay’s, tenemos que en una porción de 34 g de Lay’s encontramos 177 kcal, 17 g de carbohidratos y 11 g no poco importantes de grasa. El desglose de calorías es de: 56% grasa, 39% carbohidratos, 5% proteínas.

  • Una taza de arroz (200 g):

204 kcal, 44.1 g de carbohidratos, y un desglose de calorías de 2% grasa, 89% carbohidratos, 9% proteínas.

La verdad del asunto es obvia. Los alimentos que la mayoría consume por sobre las 6 de la tarde contienen una cantidad muchísimo mayor de azúcares que una fruta, y además incluyen importantes aportes de grasa que -adivina- no van a parar inmediatamente a los procesos celulares que permiten la ejecución del metabolismo, sino que viajan directo al hígado y luego a los adipocitos para almacenarse y ser ocupados, posteriormente, en el extraño instante en que los puedas necesitar. De ahí la razón por la cual se explica que las grasas conforman una fuente de energía de reserva.

Prácticamente todos los alimentos contienen carbohidratos (incluso la lechuga, con 2.9 g de carbh por cada 100 g), y en la sangre son “transformados” en glucosa. El típico “azúcar en la sangre” del que hablan incluso los profesionales de la salud, es en realidad la respetuosamente denominada glucosa (procede del idioma griego gleûkos; “mosto”, “vino dulce”, y el sufijo «-osa», que indica que se trata de un azúcar).

Los nutricionistas no recomiendan ingerir alimentos ricos en azúcar durante la noche a las personas que desean bajar de peso o mantenerse en línea ya que a estas horas el metabolismo “disminuye”, y por eso algunos de ellos -algunos bien tarados- indican que no hay que comer frutas, olvidando que a bastantes sujetos les gusta hartarse de comer verdadera basura a esas horas. Además, comer muy tarde entorpece una serie de procesos biológicos, mantiene al cerebro en alerta, y puede impedirnos dormir, lo que se traduce en un entorpecimiento del metabolismo:

La privación de sueño está relacionada con diversos cambios adversos de la actividad metabólica: aumentan los niveles de cortisol (una hormona implicada en la respuesta al estrés) en sangre, la respuesta inmune se ve afectada, disminuye la capacidad del organismo de procesar glucosa y el control del apetito se altera (…). El resultado final es que el funcionamiento normal del cuerpo se ve perturbado por la falta de sueño, y esto se repercute en ciertas consecuencias metabólicas. | European Food Information Council

Cuando la gente se atiborra con comida poco sana, además de estar ingiriendo grandes cantidades de grasa, se genera un exceso de carbohidratos en el cuerpo (cosa que las frutas, en su justa medida, difícilmente generan) y esto puede dar lugar a sucesivas lipogénesis que transforman finalmente azúcares en grasa. Esto sí que es poco conveniente, sobretodo para aquellas personas que desean mantenerse en línea o que andan tan preocupadas de la alimentación, como para criticar a aquellos que se comen una manzanita en la noche.

No hay que ser un genio para percatarse de que las consecuencias que puede traer el consumo de alimentos sanos como las frutas en la noche es mínimo, lo que viene dado por la inocente cantidad de azúcares que estas aportan, muy a diferencia de lo que sucede con otros alimentos más calóricos y ricos en grasas.

Las frutas pueden ser un aperitivo saludable antes de acostarte, si no te excedes. Están llenas de vitaminas esenciales, minerales y nutrientes que tu cuerpo necesita para funcionar al máximo, y de hecho pueden hacerte más saludable. Según el sitio web del Departamento de Agricultura de EE.UU. MyPyramid.gov, comer porciones regulares de frutas puede reducir el riesgo de problemas de salud graves, como cálculos renales, accidentes cerebrovasculares, enfermedades del corazón, pérdida de masa ósea, diabetes y cáncer. Cuando comes frutas en lugar de alimentos con alto contenido calórico, también facilitas el mantenimiento de un peso saludable | BuenaSalud.net

Toda la información aquí expuesta, excepto la debidamente citada, ha sido extraída de mis propios conocimientos, pero puede fundamentarse y ha sido ratificada con las siguientes referencias:

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