¿Dónde está la acción?

No sé por qué, ni cómo, pero he llegado a un punto en mi vida en el cual sencillamente no sé qué hacer. La indecisión interna que me ha gobernado en los últimos años se ha vuelto agresiva, y el sentimiento de no encajar en ningún lugar sigue sumergiéndome en un pozo de profunda incomprensión. Siempre he pensado que no tengo hogar. Llamo hogar a cualquier lugar que me acoja, y aunque el amor y el sentimiento de pertenencia al grupo de mis familiares más cercanos está y estará, el verdadero problema se halla en otro ámbito.

Todos buscamos, tarde o temprano, un lugar más allá. No nacimos para quedarnos sentados en un mismo lugar y ver a la vida pasarnos por delante como una tonta proyección. No nacimos para encerrarnos dentro de nosotros mismos. Para eso, mejor ni nacemos. Vinimos a tomar protagonismo de lo que sucede, a movernos en esta ilusión, a bailar sin parar dentro de este conjunto de interpretaciones, a hacer de la realidad algo más real. Pero, ¿qué hacer cuando sentimos que la acción no llega y no quiere llegar? El temor de que no va a pasar sencillamente nada, y de que, por más que lo intentes, no pasa.

La vida es maravillosa. Está llena día a día de nuevas emociones y aventuras que por muy insignificantes que parezcan, en algo aportan. Pero a veces somos exigentes. Y no está mal serlo. Me considero sumamente exigente con la vida. Si ella nos quiere exigir y a veces hacernos incluso pasar por malos momentos, entonces yo también le exigiré de vuelta. Pero a pesar de mis exigencias, me siento en un punto muerto. No puedo avanzar y recibir esa acción en todo su esplendor si no encajo en los focos de acción. Es que los focos de acción convencionales son muy aburridos. Conversar sobre la telenovela, reunirse para ir a beber, ver televisión… Simplemente, aburrido. No veo la acción en ello. ¿Eso es acción? ¿Eso es vivir? ¿Millones de años de evolución para llegar a crear una sociedad en donde nacemos, estudiamos, trabajamos, nos divertimos solo un poco y luego morimos? No puede ser. Yo quiero ver al mundo estallar, a la gente correr, quiero sentir cómo se me sacude el alma tratando de mantenerse dentro de mi cuerpo, quiero recibir el poder de la naturaleza en su gran inmensidad, quiero volver hacia lo salvaje.

¿Dónde está la acción?  ¿En la naturaleza? ¿En los demás? ¿Dónde está mi gente? La que entienda lo que busco, y la que comprenda, a pesar de todo, lo que llevo adentro, aquello que intenta escapar, aquello que intenta expresarse pero no puede. Y no quiero que esto lo vean como una suerte de egoísmo, como una absurda incapacidad para agradecer lo que ya tengo o para disfrutar lo que hoy vivo. De hecho lo hago, pero no es malo pedir más. Pedir más está bien porque solo pido eso: acción. Hay en el mundo cientos de millares de estúpidos que solo piden más dinero, más poder, más riquezas. Yo solo pido más acción, un sistema que nos haga correr, que nos haga levantar tierra del camino, no uno donde tenga que estar detenido trabajando a la orden del que tiene más poder.

Un sistema donde podamos vivir la acción y aprovechar cada segundo para dejar atrás el miedo de que a cada segundo envejecemos.

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